domingo, 5 de marzo de 2017

III Distress Call

25 Junio, 2005. 1 am
Los tres chicos se encontraban en lo alto de la montaña admirando la lluvia de estrellas. Habían comprado un poco de cigarrillos y vodka para soportar el frío de la noche. A lo lejos se observaba una ciudad iluminada dónde parpadeaban las pequeñas luces. La oscuridad de la montaña había ayudado a que el espectáculo fuera aún más hermoso. Los tres chicos hablaban de cosas triviales, y reían a grandes carcajadas.
-          Deberías de salir más seguido Andrés. Te juro que necesitas conocer más mujeres –dijo en tono burlón Said.
-          Cállate, ya tu que estás casado y te perdimos. ¡Y ahora que vas a ser papá –Le respondió Andrés que ya se encontraba bajo los efectos del vodka.
De repente todo se puso en silencio. Los chicos escuchaban música con un viejo radio una emisora de clásicos de rock de los 90s. El radio se detuvo y escucharon la voz de un hombre que parecía pedir auxilio.
-          ¿Escucharon eso? – preguntó Franco
La voz del hombre en el radio se cayó y el radio comenzó a emitir un fuerte pitido que se metió en sus cabezas hasta aturdirlos. De repente en el cielo, un objeto en llamas irrumpió en la noche. El objeto ardía y viajaba a gran velocidad.
-          ¡Va a estrellarse acá en la montaña! – gritó Said
El objetó llegó más rápido de lo normal, y emitió una fuerte honda antes de tocar suelo. Los chicos salieron disparados varios metros, pero no duraron en incorporarse para inspeccionar de qué se trataba.
-          ¡Es una nave espacial! – exclamó Andres con una voz casi imperceptible.
-          ¡Gracias por hacérnoslo saber señor obvio! – le respondió Franco
Said caminaba lentamente hacia la nave que yacía cerca de ellos, emanando humo. Las luces de la nave permanecías encendidas.
-          Y no será peligroso? –preguntó Andrés
-           Cállate! No seas gallina – le respondió Franco
Ése era su sueño. Said había soñado con algún día ver una nave espacial en aquella montaña, sin embargo en sus años de observar el cielo nunca había encontrado nada del otro mundo. En unos minutos se encontraba ya a escasos metros, parecía tecnología extraterrestre. Símbolos y dibujos que parecían de otro mundo. Su mano se dirigió a lo que parecía una compuerta. De repente la misma se abrió cuando Said la tocó, una nube de humo salió como una ráfaga que lo hizo toser. Franco y Andrés lo siguieron, y los tres entraron a la nave, como si una fuerza los llamara, los empujara.
“Bienvenidos al Génesis” –dijo una voz robótica.

Los chicos quisieron correr y devolverse, pero las puertas se habían cerrado tras ellos. Sus caras demostraban ahora terror.