lunes, 20 de febrero de 2017

I. Telamira


Todos alguna vez hemos escuchado hablar sobre Telamira. Un planeta, en alguna galaxia, cerca de una estrella. Todos los que se han aventurado a jugar con el tiempo lo han visto en pesadillas; una estructura robótica flotando en el cielo, en un planeta tan caliente donde no existe vida. Mares de fuego. Una estructura robótica milenaria que se alza apuntando al universo, a lo que está afuera, a los que sueñan, a los que se preguntan, a los que dudan de su existencia. El infierno. Es la metáfora que los amos del tiempo escogieron para lo que es Telamira: un lugar de sufrimiento eterno. Una estructura extraterrestre hecha para torturar, para infligir un dolor eterno, doblegar nuestra alma, despedazarnos, llevarnos a nuestra raíz salvaje de seres humanos. Pero así son los amos del tiempo, seres sin piedad, sin remordimientos, dispuestos siempre a condenar a los que buscan cambiar el pasado, o el futuro.
Siempre desde niño me preguntaba, el significado de las cosas. De todo dudaba. No creía en las cosas solos por escucharlas, o porque me decían que eran reales. Los seres humanos vivimos siempre en una utopía. Somos seres malvados por naturaleza, salvajes, codiciosos. Nos gusta el poder y el dinero. A los ricos les gusta hacer sociedades y alimentar religiones para controlar las masas de los pudientes y los pobres. Pero un día llega alguien y te desnuda un dios ante tus ojos, te muestra que dentro la carne llevan huesos –como nosotros-, y que no pueden levantarse de la tumba donde fueron enterrados. Me gustaría ver uno de ésos dioses a los ojos para que me salve, para que me saqué de aquí, como en los sueños que tenían los hombres antes que se nos abrieran las mentes, se nos abrieran los ojos.
Los arquitectos. Que nombre tan encantador. Los creo haber visto. Creo ver sus sombras fantasmales en el cielo desde donde nos observan. Los arquitectos son todo un misterio, si existieran los dioses ellos serían lo más cercano. Dicen que ni siquiera los amos del tiempo los han visto. Los arquitectos deben de amar mucho al hombre, su mejor nuevo invento, pero parte de su avaricia ha sido transmitida a nosotros. No nos han querido eliminarnos, prefieren encerrarnos aquí para torturanos por las eternidades. El hombre se reveló, y descubrió como manipular el tiempo, y eso molestó a los arquitectos. No sé cuántas razas existirán en el universo, como galaxias, estrellas, planetas. No he estado en otro lugar que no sea mi planeta y Telamira, dónde yo esté consciente.
Me siento culpable por mis dos mejores amigos. Ellos han estado conmigo siempre. Y lo estarán en ésta eterna tortura. Estábamos felices cuando descubrimos el dispositivo, de origen extraterrestre. Entonces se abrieron nuestros ojos, se abrieron nuestras mentes. La tecnología utilizada para manipular el tiempo es infecciosa, inestable. Corrimos nuestros riesgos. El tiempo es como un río que se fluye, no se detiene, es constante. Puede ramificarse pero su cauce siempre sigue una ruta. No puede detenerse. No sé si los amos del tiempo crearon éstos dispositivos, pero al alterar la línea temporal han venido por nosotros. No conocemos sus rostros ni su lenguaje, nos han traído aquí sin un juicio. Todo por una mujer. Por el egoísmo del hombre; salvar a una mujer poniendo en riesgo la humanidad. Y es que los arquitectos pudieron simplemente habernos destruido, borrado de la historia. Pero no, borraron a nuestras familias y a ella a causa de mi avaricia, ineptitud, egoísmo. Y aquí están mis amigos conmigo en ésta cárcel eterna, con éste fuego perpetuo
Los amos del tiempo no perdonan. Ésta es la metáfora, Telamira. El infierno. Es la metáfora que ellos escogieron de nuestras mentes. Pero el castigo no es estar encerrado, es la tortura, no morir, es vivir con sed, no poder tomar agua, morir de hambre, éste calor sofocante. No sé cuántas veces hemos ya muerto. No sé cuántas veces nos han torturado, nos han puesto a comer nuestros propios restos para no morir de hambre. Nos han puesto a matarnos. Siempre
despertamos por la mañana. Éste ciclo se repite por siempre. En algún lugar deben de estar nuestros verdaderos cuerpos durmiendo en un profundo sueño del que no podemos despertar. Éste es el precio que pagamos, por ser libres, por soñar, por ir en contra de nuestros destinos. Si alguien escucha o encuentra éste mensaje, es porque ya te has aventurado en el tiempo. Si me encuentras despiértame, o ponle fin a éste dolor. Que los amos del tiempo y los arquitectos nos temen…

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